lunes, 15 de abril de 2013

Amalia Batista (Argumento)

Amalia Batista
Amalia Batista, Sainete lírico en dos actos se estrenó en el Teatro Martí de La Habana, el día 21 de Agosto de 1936. Su libretista, Agustín Rodríguez. Música de Rodrigo Prats.

La acción transcurre en La Habana en los años veinte.

Acto I

En la casa de Amalia Batista, mulata célebre entre los hombres, se celebra su 38 cumpleaños y muchos son los invitados y amigos que van a una fiesta pagada por Don Alberto, hombre viejo y rico que ha buscado en Amalia una compañía para su soledad. Con ánimo de conquistar a tan codiciada mujer, llega a la fiesta el joven Julio, quien es advertido por Papito que tenga cuidado porque Amalia es una mujer fatal. Cuando Amalia hace su entrada en el salón Julio le confiesa la enorme atracción que siente por ella, a lo que la mujer, aunque discreta, le hace entender que ha resultado de su grado. Al llegar Alberto, y luego de comentarle a su amigo Papito que él no ama a Amalia sino que solamente se siente bien a su lado y que le resulta una buena compañía, repara en la actitud de cortejo que tiene Julio con Amalia. Esta, cada vez más trastornada por las motivaciones que le provoca el joven, es llevada por su amiga Camelia a otra habitación, aprovechando Julio para manifestarle a Alberto su propósito de conquistar a Amalia. Alberto le advierte que aquella no es mujer para él, y le aclara que no va a luchar por ella, marchándose de la casa. Al regresar Amalia al salón busca a Alberto y al no verlo, se dirige a Julio, quien la está esperando ansioso. El joven insiste en declararle su pasión y Amalia le cuenta su vida, advirtiéndole de su fama de matar a los hombres. Julio le asegura que él no conoce el miedo y que está feliz si ella le acepta, a lo que Amalia responde que sí.
Han pasado dos días y Alberto, que ya no sale de noche de su casa y está más dedicado a su familia, conversa con su hija Carmita y le hace ver que es hora de que piense en encontrar un joven decente y trabajador. La conversación se ve interrumpida por la visita de Papito, a quien Alberto comenta que Amalia se ha encaprichado con Julio, y Papito le hace notar que Amalia sigue significando algo para él. Alberto le confiesa que puede ser. Mientras tanto, en casa de Amalia todos los empleados y amigos de la mujer han sido despedidos por Julio, que la quiere sólo para él. La mujer se queja de que cada vez sale menos, y que con él aprendió a querer y a sufrir, y a comprender que el amor es triste.

Acto II

Ha transcurrido un año y es nuevamente el cumpleaños de Amalia. Aislada por Julio de los viejos amigos, sólo recibe la visita de su amiga Camelia, quien le aconseja que deje a Julio, pues éste no le conviene e, inclusive, está teniendo relaciones con la hija de Alberto, con quien se piensa casar. Amalia se resiste a creerlo, ya que ella se ha convertido en una mujer virtuosa y Julio la quiere. Camelia le hace ver que ya ella no es una mujer joven ni tan atractiva y Amalia, fuera de sí, la echa de la casa. Cuando llega Julio, Amalia le pregunta sobre su nueva relación amorosa, Julio lo niega todo y se va. Por su parte, Alberto está en un café, y al encontrarse con Careta, éste le comenta que Julio se está regenerando, y que cuando termine la Universidad va a concluir definitivamente las relaciones con Amalia para casarse con una muchacha de muy buena familia. Al marcharse Alberto, llegan al poco tiempo Camita y su tía y se acercan a Careta para preguntar por Julio. Al mismo tiempo, ha llegado al lugar Amalia Batista, que ha estado escuchando. Por su parte, Carmita invita a Careta y a su tía que vayan entrando al cine, que ella se va a  quedar esperando por Julio que ya debe estar al llegar. Al irse Mariana y Careta, Amalia sale abruptamente a enfrentarse con Carmita descubriéndole los amores que existen entre Julio y ella. Al marcharse Amalia, llega Julio y Carmita le cuenta que Amalia le ha dicho toda la verdad, y no confía más en su amor. Julio le confiesa que él la adora y que esa noche irá a su casa a hablar con su padre para formalizar el compromiso y la boda. Finalmente la muchacha cede, y Julio le pide que olvide a esa mujer como él ya la olvidó. Al llegar la noche, Don Alberto, espera ansioso la llegada del joven que pretende casarse con su hija. Al ver que es Julio, Alberto le pide a su hija que los deje solos, y en conversación privada y franca indaga acerca de las verdaderas intenciones de Julio, quien le asegura que él ama mucho a su hija y que ella le corresponde. Alberto le pregunta sobre sus relaciones con Amalia, y él le confiesa sinceramente que eso terminó para siempre. Alberto le cree, y le dice que por su parte no hay rencor, concediéndole la mano de su hija, pero le pide que nunca le diga a ella sobre su relación con Amalia. Julio se lo promete y se va contento a encontrarse con Carmita. Mientras tanto, el criado de la casa trata de no dejar pasar a Amalia Batista, que logra traspasar el umbral de la puerta y se encuentra con Alberto, haciéndole ver que no debe dejar casar a su hija con Julio, quien es un canalla que le ha roto su vida. Alberto le cuestiona y le dice que cuantas vidas no ha roto ella. Que si la vida es cruel ahora con ella, tal vez sea el pago porque anteriormente ella ha sido cruel con los demás. A lo lejos, se ven pasar felices a Julio y Carmita, y Amalia trata de ir al encuentro de ellos, pero Alberto se lo impide y le pregunta que dónde está aquella mujer que ayer se reía del amor. Ella le contesta que es Amalia Batista y que se muere por ese hombre. Finalmente, cae llorando en los brazos de Alberto, que la recibe conmovido.

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