lunes, 9 de diciembre de 2013

Margarita la Tornera-III (Cantables)


ACTO III

CUADRO I

Cuadro en Palencia.
(A la izquierda, la fachada posterior de la casa de Don Gil. Puerta en el centro con tres escalones que bajan a la calle. la casa hace esquina a otra calle practicable también. A la derecha, la fachada principal del convento. Súbese a la puerta por amplia escalinata. las ultimas gradas quedan bajo el atrio, de la iglesia arranca hacia el fondo,  torciendo un poco hacia la izquierda. la tapia del huerto, sobre la cual se distinguen las copas de los árboles. En el extremo de la fachada de la iglesia, inmediato a la tapia. una imagen de cristo. alumbrada por un gran farol. esta agonizando el día. poco después reina la noche tranquila y espléndida. Sobre la fachada de la iglesia y sobre el huerto da de lleno la claridad de la luna)

ESCENA I

Gavilán y Coro “¡Qué terrible suplicio”: (Gavilán)

GAVILAN y CORO
(Al levantarse el telón no hay nadie en escena por la puerta del templo, abierta de par en par. Se escapan resplandores de cirios. Oyense las ultimas notas de un responso.  Después el coro empieza a salir de la iglesia. Dividido en grupos, y en actitud de gran recogimiento. Gavilán sale  casi el último, y mientras canta el Coro permanece aparte abstraído y meditabundo)

CORO
¡Qué terrible suplicio!
¡Cuánto sufrir!
¡Dios lo tenga en su gloria!
¡Pobre don Gil!
¡Qué fin tan amargo!
¡Don Juan sin volver,
y siempre su padre soñando con él!
Requiescat in Pace.

UNOS
¡Amén!

OTROS
¡Amén!

TODOS
Requiescat in Pace.
¡Amén!

(Retíranse lentamente por el fondo y por la calle practicable)



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ESCENA II

Gavilán, un Sacristán del convento y el Capellán de las monjas.

(Sale el Sacristán a la puerta de la iglesia con un gran manojo de llaves, que suena al moverse aquél. Cierra una hoja de la puerta. y en cuanto la encaja, aparece en el umbral de aquella el Capellán. El Sacristán lo saluda con una gran reverencia. baja el Capellán, cruza la escena, siendo saludando a su paso por Gavilán muy respetuosamente y desaparece por la calle practicable. El Sacristán termina de cerrar la puerta, echa la llave y cruza a su vez la calle en la misma dirección que el Capellán)

ESCENA III

Gavilán “¡Pensar que en un año!”: (Gavilán)

GAVILAN
¡Pensar que en un año
corrí medio mundo,
y al cabo tenía
su muerte que ver!
¡Don Juan lo ha matado
más bien que sus males;
su ingrato abandono,
su olvido cruel!
¡Don Juan! ¿Es que existe
don Juan, por ventura?
¿Qué selva lo guarda?
¿Qué monte? ¿Qué mar?
¿Por qué testimonios
no da de su vida?
¡Qué busca, y en dónde?
¿Qué fue de Don Juan?
Parece que salgo
de un sueño terrible.
¡Qué noche mi noche
fatal en Madrid!
¡Después, qué tormentos!
Acá me persiguen...
Allá me aprisionan...
Me salvan allí...
Por mal de mis culpas,
a tantas tristezas
bien pronto debía
venir a parar.
¡Ya estoy castigado!
¡Sin plumas, ni garras...!
¡Desecho del mundo...!
¿Lo ves, Gavilán?


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ESCENA IV

Don Juan y Gavilán.

(Don Juan aparece por el fondo, humildemente vestido, y en actitud recelosa. Gavilán, que se ha vuelto, lo ve aparecer a la luz de la luna)

Don Juan y Gavilán “¡Es él! ¡Es él!”: (Gavilán, Don Juan)

GAVILAN
(Asombrado)
¡Es él! ¡Es él!

DON JUAN
(Precipitándose hacia Gavilán y abrazándole)
¡Tú! ¡Ven a mi!

GAVILAN
¿Qué fue de vos?

DON JUAN
¿Qué fue de ti?

(Separándose de Gavilán)

¡Tu rostro se demuda!
¡Llama! ¡Pronto!

GAVILAN
(Trémulo y confuso)
¡Don Juan!...

DON JUAN
¿No ves que la impaciencia
consumiéndome está?

(Gavilán no se mueve)

DON JUAN
(Como atormentado por una idea súbita)
¿Esas gentes que saltan...?
¿Esos cantos funerales...?
¿Esas lágrimas que viertes...?

(Dirigiéndose precipitadamente hacia su casa)

¡No! ¡No! ¡Padre! ¡Padre! ¡Padre!

GAVILAN
(Saliéndole al paso)
¡Señor...! ¡Señor...!

DON JUAN
(Cogiéndole de un brazo e interrogándole con la mirada ansiosamente)
¡Habla!

GAVILAN
¡Rogad por él!

DON JUAN
(Con expresión terrible)
¡Oh! ¡Qué miserable he sido!
¡Qué miserable soy!
Ven. Dímelo. ¡Todo!
Sin dudas. Sin miedo.

GAVILAN
Yo vine ha tres días...
¡le hallé casi muerto!

DON JUAN
¿Pensó en mi? ¡No mientas!

GAVILAN
Señor: ya no miento.
Su mal nunca tuvo
más nombre que el vuestro.
Murió.., de tristeza.
Murió... ¡de no veros!

DON JUAN
¡Qué infamia la mía!
¡Qué crimen tan negro!
Viento de maldición, en noche infausta
me sacó de Madrid.
No me asustaba la justicia. Nunca
sus rigores temí.
Me espantaba más bien que adivinaba
un triste porvenir,
de lágrimas, de celos, de zozobras...
¡Y de la corte, sin dudar, huí!
Pronto la vida me encantó de nuevo.
Pronto volví a mi ser.
Y Granada y Sevilla celebraron
mis triunfos otra vez.
Pronto de mi renombre en nuevas lides
los lauros aumenté.
Pronto fueron mis dóciles esclavas
la fortuna, la gloria y la mujer.
Pero un día, por fin, con voz terrible
la conciencia me habló.
Y en medio del espanto de mi vida,
en medio de su horror,
tan sólo dos imágenes surgieron
ante mis ojos, ¡dos!
mi padre... ¡pobre padre!... y ¡Margarita!
¡La paz, la existencia, y el amor!
Y entonces, soñando
con diez honradas,
dudando y venciendo,
la vuelta emprendí.
“Mi padre –decía-
de fijo me espera.
Quizás Margarita
suspira por mí”.
“Quizás la libraron
de aquellas torturas.
Quizás a Palencia
con vida volvió”.
Si muchas mujeres
amor me mintieron,
¡tan sólo por ella
conozco el amor!
¿Qué ha sido -clamaba
mi amor despertando
¿Qué ha sido en el mundo
de aquella mujer?
¿Por qué palideces,
y tiemblas de nuevo?
Responde. ¿Qué sabes?

(Con voz terrible)

¿Ha muerto también?

GAVILAN
Calma, calma, don Juan. Aquel don Lope
su herida curó. Y al fin Sirena
lo abandonó también. Desengañado,
quiso don Lope sepultar la historia,
bajo tierra de olvido, para siempre.
Y merced a su nombre y su fortuna
lo pudo conseguir. Y Margarita
salió de sus prisiones...

DON JUAN
¡Ah! ¡Malditos!
¡Y más que todos yo!

GAVILAN
Su misma suerte
poco después seguí. Buscarla quise;
pero todo fue en vano. Margarita
escapó de Madrid, sin que dejara
ni la huella más leve de su paso.

(Misteriosamente)

Nadie en la corte adivinó el origen
de la infame aventura. Nadie supo
quién era Margarita.

DON JUAN
¿Nadie?

GAVILAN
¡Nadie!

DON JUAN
¡Ah! ¡Pero en cambio aquí! ¡Tiemblo
de espanto!
¿Por qué vuelvo, sino, como un bandido
que de las gentes huye?

GAVILAN
Pues tampoco
se sabe nada aquí. Ni vuestro padre
siquiera lo sabía.

DON JUAN
¡Tú has perdido
la cabeza también!

GAVILAN
Todos me juran
que Margarita, la tornera, sigue
tornera siendo, y que jamás, ¡ni un día!,
dejó sus llaves, ni faltó del coro.
Y es asombro y orgullo de Palencia
por sus grandes virtudes.
Y la adoran como a una santa.

DON JUAN
¡Sueñas y deliras!
¿Cuándo pudo volver?

GAVILAN
Hará dos meses.

DON JUAN
¿Y no ha sufrido penitencia alguna?

GAVILAN
¿Pero no os digo que me juran todos
que jamás han salido del Convento?

DON JUAN
¡Loco estás!

GAVILAN
Yo la he visto, yo la he visto,
al través de las negras celosías
del coro hijo. ¡y al pasar, las gentes
se arrodillaban!...

DON JUAN
(Fuera de sí)
¡No! ¡No! ¡No! ¿Qué es esto?
¿Qué horrible pesadilla me atormenta?
¡Por Dios!

GAVILAN
(Que va mirando a todas partes. poseído de profundo terror. ve aparecer en el fondo a Margarita, y lanza un grito de espanto)

¡Jesús!

DON JUAN
(Volviéndose y viendo a Margarita)
Jesús! ¿Qué es esto? ¡Calla!
Silencio, miserable!

GAVILAN
(Procurando en vano darse cuenta de lo que pasa)
¿Margarita?
¿En el mundo? ¡No, no! ¡Yo no he soñado!
¡Yo la he visto, don Juan!

DON JUAN
(Que se ha apoderado fuertemente de Gavilán por un brazo, y lo empuja hacia el suelo como si procurara que se lo tragase la tierra)

¡Silencio, digo!

GAVILAN
(Aterrado, y esforzándose por desasirse de la mano de Don Juan)

¡Por compasión, don Juan! ¡Por Dios,
soltadme!

(Don Juan suéltalo al  fin, embebecido en la contemplación de Margarita. Gavilán, al sentirse libre. huye como alma que lleva el diablo. y hace mutis santiguándose rápidamente)

¡Jesús, Jesús, Jesús!

DON JUAN
Dios me la envía.


_______________



ESCENA V

Margarita y Don Juan.

(Margarita ha salido por el fondo lentamente y se dirige hacia el convento como atraída por él, sin ver nada a su alrededor. Viste traje oscuro de lana burda. Lleva los cabellos con algún desorden, sin toca ni manto que los cubra, y un báculo en la mano, que dejará más adelante, en momento oportuno. No ve a Don Juan hasta que lo indica el diálogo. Don Juan no cesa de mirarla, absorto en su contemplación. y sin saber si ha de dar crédito a sus ojos. no se mueve del sitio. A la izquierda, en que le sorprendió la aparición de Margarita. como si estuviera clavado en él)

Margarita “¡Por fin! ¡Mi convento!”: (Margarita, Don Juan)

MARGARITA
¡Por fin! ¡Mi convento!
¡Ya ves, Madre mía!
¡Las olas del mundo
me arrojan aquí!
Dulcísimas voces,
secretos impulsos,
¡Oh, Virgen amada!
me llevan a Ti.
¡Qué meses tan largos!
¡Qué negras angustias!
vagando al azar;
y luego rendida
por fiebres traidoras,
en lóbrega venta
la muerte esperar.
¡Ay Virgen del alma,
Tú sabes mi pena!:
que en vano pretendo
matar mi pasión;
que siempre le adoro,
que nunca le olvido...
¡Piedad, Madre mía;
clemencia, por Dios!
¡Yo siempre envidiábate
soñando contigo,
mi ardiente plegaria,
la misma que aquí!

(Oyense, dentro, tenuemente celestiales acordes)

¡Jesús! ¡Virgen Santa!
¡Qué voces angélicas!
¡Perdón, Madre mía;
perdóname!

VOZ
(Dulcísima dentro)
¡Si!

(Margarita quedase en honda meditación. vaga por sus labios inefable sonrisa)

DON JUAN
(Dando un paso hacia Margarita)
¿Deliro? ¿Qué inmenso
poder sobrehumano
me humilla? ¿Qué mano
detiéneme?...¡No!

(Vuelve a quedarse inmóvil y absorto)

MARGARITA

(Subiendo la grada del pórtico)

Piedad. ¡Virgen Santa!
que llamo a tu puerta.

(Disponiéndose a llamar)

Mas no, que está abierta,
¿Qué mano la abrió?

(La puerta ábrese. Margarita detiénese un punto, asombrada)

DON JUAN
(Sin apartar sus ojos de margarita)
Ya no duda. ¡Quiere entrar!

MARGARITA
¡Qué descuido! ¿Qué será?
¡Mas a punto no la abrieran
si las monjas me vinieran
a esperar! ¡Nadie asoma!
¡Nadie viene! ¿Qué será?

(Mira hacia el fondo de la iglesia, recelosamente, después vuelve sus ojos hacia la calle, y ve, de pronto, a Don Juan)

¡Oh!

DON JUAN
¡Sí! ¡Sí! ¡Margarita! ¡Margarita!

(Yendo hacia ella)

MARGARITA
(Bajando a la calle como para precipitarse en brazos de Don Juan)

¡Don Juan!

(Margarita. antes de llegar a Don Juan, se detiene de pronto)

DON JUAN
¡Cuán pálida y triste!
¿Qué ha sido de ti?

MARGARITA
¡Don Juan! ¡Desgraciado!
¿Qué buscas aquí?

(Margarita apartase aun mas de Don Juan)

DON JUAN
¿De mí te apartas...

MARGARITA
(Aparte)
¡No, no es un sueño!

DON JUAN
...hoy Margarita,
...que al fin te encuentro?

MARGARITA
Desde la noche infausta
de mi prisión funesta,
¿no sabes tú mi angustia?
¿No sabes tú mis penas?

DON JUAN
Desde que a Dios le plugo
llamar en mi conciencia
fue inútil mi constancia
para buscar tus huellas.

MARGARITA
Vagué por caminos
sin pan y sin vivienda;
de angustia y de fatiga
tuviéronme por muerta.

DON JUAN
Perdida la esperanza,
muriéndome de pena,
hoy, al cerrar la noche,
gané por fin Palencia.

MARGARITA
Después oyó mi alma
no sé qué voz secreta,
soñé con el refugio
tranquilo de mi celda.

DON JUAN
Mi padre, Margarita
murióse de tristeza,
tú sola me quedabas,
¡Y tú de mi te alejas!

(Con acento de ardiente súplica)

¡Por Dios, Margarita!

MARGARITA
No llores, no llores.

DON JUAN
¡Por Dios te suplico
que no me abandones!

(Margarita después de un nuevo impulso que la acercó a Don Juan, retrocede otra vez)

Atormentado por mis culpas
mi padre acaba de morir.
Sobre la tierra ya no tengo
más que un amor: mi amor a ti.
¡Ay, que sola tú me has querido,
santa mujer; ningunas más!
¡Ay Margarita de mi alma,
no me abandones, por piedad!

MARGARITA
Atormentada por mi culpa,
casi arrastrándome, llego aquí.
Sobre la tierra no he tenido
más que un amor: mi amor a ti.
Pero es forzoso que me olvides.
Hoy reclamándome Dios está
¡desde su templo! ¡desde mi claustro!
¡No me detengas, por piedad!

DON JUAN
(Con acento de suprema angustia)
¡Margarita de mi alma!

MARGARITA
¡No, don Juan!

DON JUAN
(Extendiendo sus brazos hacia ella)
¡Margarita de mi alma!

MARGARITA
¡Nunca más!

(Vacila un momento y cae en brazos de Don Juan)

¡Ah!

DON JUAN
Así, en mis brazos,
¿te acuerdas?
Yo te revelaba
mi inmenso amor.

MARGARITA
Así, en tus brazos,
me sorprendió
por vez primera
mi inmenso amor.

(Queriéndo desasirse)

¡Oh!

DON JUAN
(Reteniéndola)
¡No!

(Con ternura)

Yo contemplándote
me embelesaba;
tú con los ojos
me sonreías;
quedo, muy quedo
yo te llamaba,
y tú en mis brazos
¡al fin caías!

MARGARITA
(Con pasión)
Y yo mirándote
me embelesaba,
soñando siempre
que me querías;
sobre tu pecho
me confiaba,
y entre tus brazos
¡me sostenías!

DON JUAN
¡Cómo te quiero!
¡Con cuánto afán!

MARGARITA
¡Cómo te quise!
¡Cuánto, don Juan!

(Oyense de pronto celestiales acordes. Margarita los escucha con éxtasis y se aparta rápidamente de Don Juan)

¡Oh!

DON JUAN
¿Me abandonas?

VOCES ANGUSTIOSAS
(Dentro)
¡Ven!
¡Vuelve a mi!

MARGARITA
¿Qué misteriosas voces oí?

VOCES ANGUSTIOSAS
(Dentro)
¡Ven!

MARGARITA
¡Oh!

DON JUAN
(Implorando)
¡Mi vida!
¡Mi único bien!

MARGARITA
¡Dios me reclama!

VOCES
(Dentro)
¡Ven!

MARGARITA
¿Oyes?

VOCES
(Dentro)
¡Ven!

(Margarita sigue extática y  retrocede dos o tres pasos hacia el convento, pero sin volver la espalda a Don Juan)

DON JUAN
Si tú sola me puedes salvar,
¿qué va a ser de mi vida sin ti?
Si me falta en el mundo tu amor,
¿qué va a ser, Margarita, de mí?

MARGARITA
No; tú solo me puedes perder;
no, don Juan; no me apartes de aquí.
Si me vencen tu amor y mi amor,
¿qué va a ser para siempre de mí?

VOCES
(Dentro)
¡Ven!

MARGARITA
¡Oh!

DON JUAN
¡Mi vida!
¡Mi único bien!

MARGARITA
¡Dios me reclama!

VOCES
(Dentro)
¡Vuelve a mí! ¡Ven!

MARGARITA
(Margarita  la horrible turbación de su espíritu, se acerca a Don Juan)

¡Contigo queda mi corazón,
ay, pero el alma la debo a Dios!

DON JUAN
¿Sin ti? ¡Jamás!

MARGARITA
¡Adiós,
don Juan!

(En un arranque de pasión)

¡Para dejártelo, quisiera yo
que me arrancaras el corazón!

DON JUAN
¿Sin ti? ¡Jamás!

MARGARITA
¡Adiós, don Juan!

(Don Juan la sujeta entre sus brazos)
¡Ah!

VOCES
(Dentro)
¡Ven!

(Margarita  intenta desasirse y Don Juan la detiene)

DON JUAN
¡Jamás! ¡Por Dios!

(Como antes)

MARGARITA
¡Ah!

VOCES
(Dentro)
¡Ven!

MARGARITA
(Separándose de Don Juan, como impulsada por poderosa inspiración)
¡Atrás!

(Don Juan permanece como anonadado, pero extendiendo sus brazos hacia ella. Margarita sube la escalinata rápidamente y volviéndose hacia él, canta)

¡Adiós!

(Entra y rápidamente ciérrase la puerta tras ella)

(dentro)

¡¡Adiós!!

(Don Juan, precipitase hacia el convento, sube la escalinata, forcejea inútilmente para abrir la puerta y cae sobre las gradas como herido por el rayo)



_______________



CUADRO II

(Interior de la iglesia del convento. Al fondo el altar mayor. Con amplio presbiterio, separado de la nave por una baranda, según costumbre. en el centro de la baranda una puerta para bajar a la nave, por una gradería de cinco escalones. A la derecha e izquierda otros altares y, sobre ellos, a un lado y a otro, altos ventanales con vidrios de colores. A la izquierda, en primer término, amplia puerta de proporciones majestuosas, y arquitectónico y bello conjunto, da paso al claustro, del cual deberá verse el arranque o comienzo. Por esta puerta, abierta de par en par, entra la claridad de la luna como un torrente de luz celestial. Los rayos de la luna fíltranse también por las vidrieras de este lado)

ESCENA VI

(Margarita aparece, vestida de monja, exactamente como en el primer acto, junto a uno de los altares de la derecha, mira a un lado y a otro con viva satisfacción y quédase luego como en éxtasis mirando hacia la alta puerta del claustro)


Margarita “¡Qué espléndida luna!”: (Margarita)

MARGARITA
¡Qué espléndida luna!
¡Qué noche tan clara!
¡Qué cielo tan puro!
¡Parece de nácar!

(Absorbiéndose en sus reflexiones)

La puerta del templo
abierta se hallaba...
¡y luego cerróse
por mano fantástica!
Penetro en mi celda,
y está solitaria
y en ella mis hábitos,
mis tocas, me aguardan.

(Animándose rápidamente)

¡Misteriosas voces
me animan y exaltan!
¡Claridad de gloria
sobre el mundo baja!
¡Por el ancho disco
de la luna blanca
la luz de los cielos
a torrentes pasa!

(Dirigiéndose hacia el claustro)

¿Qué impulso me alienta?
¿Qué fuerza me arrastra?
¿Qué mano me guía,
pues voy deslumbrada?
¡Ah!, ¡no! Si es mi Virgen,
mi Virgen del alma
que, allá desde el claustro,
me mira y me llama.
¡Tan buena... tan dulce...
tan bella.., tan cándida!

(Poco a poco, y a medida que lo van indicando sus frases, Margarita continúa dirigiéndose hacia la puerta del claustro, como si la viva luz de la luna la atrajera y sugestionara. rápidamente después. y como si el torrente mismo de la celeste claridad la sorbiera precipitase en el claustro)


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ESCENA VII

(La Tornera. aparece, de improviso, en el fondo del presbiterio vestida, naturalmente, de monja y como una exacta contrafigura de Margarita. Detiénese en un punto y principia a andar luego, lentamente, de tal modo que produzca al espectador en todo lo posible, la impresión de que se desliza el altar mayor se ha encendido súbitamente y al andar la tornera deja sobre el pavimento huellas de luz. Sale del presbiterio y detiénese en la segunda grada de la escalera que conduce a la nave. Al punto en que se para deben bajar para formarle una aureola, los rayos de la luna que se filtran por uno de los ventanales. y en este sitio permanece inmóvil casi y con actitud de profundo recogimiento)

ESCENA VIII

La Tornera y Margarita.

(Margarita vuelve al claustro andando hacia atrás  como deslumbrada)

Margarita “¿Qué he visto, Virgen Santa?”: (Margarita, La Tornera)

MARGARITA
¿Qué he visto,
Virgen Santa?...
¡Mis luces...
como estaban!
¡Mis flores tan lozanas!
¡Mis llaves...
a tus plantas!

(Fijándose en la Tornera)

¡Ah! ¡Jesús! ¡Una monja!
 ¿Por qué tiemblo, Dios mío?
¿Quién será? ¡No me asisten
mis recuerdos dormidos!

(La Tornera mira fijamente a Margarita. Baja otro escalón. enciéndese de súbito los últimos altares a un lado y a otro)

¡Se aproxima! ¡Los altares
se iluminan de repente!...
¡Claridad indefinible
de su cuerpo se desprende!
¡Me mira! ¡Me sonríe!
¡No la conozco! ¡No!
Las fuerzas me abandonan...
Me asusto de mi voz...

(De pronto, como si la impulsara una fuerza superior, dirígese hacia la Tornera y entabla con ella el diálogo siguiente. La Tornera se halla en la actitud descrita ya. es decir frente al publico)

MARGARITA
¡Hermana!

LA TORNERA
¡Hermana!

MARGARITA
¿Como os llamáis?
No sé quién sois.

LA TORNERA
¿Yo? ¡Margarita!

MARGARITA
¿Vos Margarita?
El mismo nombre
lleváis que yo.
Pero, decidme:
¿Qué sois?

LA TORNERA
Tornera.

MARGARITA
¿Qué tiempo ha?

LA TORNERA
Dos años justos.

MARGARITA
¿Dos años, dice?

LA TORNERA
Mañana mismo se cumplirán.

(Retrocede Margarita, presa de profundo asombro, y en tal actitud y forma que el público distinga ya su rostro)

MARGARITA
¡Mi historia!
¡Mi nombre!
¡Mi voz!

(Fijándose en la tornera)

¡Mi cuerpo!
¡Mi rostro!
¿Qué miro,
gran Dios?

(La Tornera no se mueve. mira a Margarita y sonríe)

¿Deliro?
¿Soy yo?
¿Mi imagen acaso
que al pie de la Virgen
rezando quedó?

(Ilumínase la escena con vivísimo resplandor y al cruzar la radiante ráfaga desaparece la tornera y aparece la imagen de la Virgen, tal y como el público la vio en el claustro, durante el cuadro final del acto primero, con manto igual e igual corona)

MARGARITA
¡Oh!

(En torno a la imagen de la Virgen difúndese viva claridad, que debe irse agrandando, agrandando, hasta que al final del acto llene todo el fondo de la escena)

MARGARITA
(A la Virgen. como si escuchara palabras suyas)
¡Si te adoraba siempre!
¡Si, te invoqué al huir!
¡Mi lugar ocupaste!
¡Me redimiste al fin!
¡Madre mía!
¡Mi Virgen!
¡Gloria a ti!
¡Gloria a ti!

(Cae Margarita de rodillas, con los brazos abiertos, y en éxtasis. La imagen sube hacia el cielo lentamente en medio de la atmósfera de resplandores que la envuelven, y óyense dentro voces angelicales)





FIN


Información obtenida en la Página Web http://lazarzuela.webcindario.com/

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