miércoles, 22 de mayo de 2013

Los flamencos (Argumentos)

Los flamencos
Los flamencos, Sainete en dos actos se estrenó en el Teatro Apolo de Madrid, el día 15 de Noviembre de 1928. Sus libretistas, Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. Música de Amadeo Vives.

Acto I

En el interior de una casa de comidas y taberna, propiedad de la señora Marta, los parroquianos toman sus consumiciones. Entra Ventura, una atractiva joven que incita a sus acompañantes a que ofrezcan florecillas. Ventura, mientras, pregunta al Niño de la Bolita, el chico de la taberna, por un torero de poca fortuna, Manolo, su esposo, que lleva dos días sin aparecer por casa. Ventura le pregunta a la señora Marta, madre de Manolo, que, algo molesta, lo disculpa con su silencio. Ventura se va y llega Juan el Rondeño, su padre, junto a dos jóvenes guapas. La señora Marta le echa en cara que alterne con menores, cosa que él justifica por su viudedad y por su concepto de la vida. Entran Don Abilio, industrial, Fantasía, mozo de espadas de Manolo y Colorín, un fino cantaor alpujarreño. Los tres comentan el espíritu donjuanesco de Manolo así como su romance con la socia más postinera de la Ribera de Curtidores. Llegan la señora Gúmer y Elvira, su sobrina. La primera, después de requerir una copa de chinchón, demanda hablar con la dueña a la que recrimina que Manolo ha tenido más que unas palabras amorosas con su sobrina. Llegan dos jóvenes y bellas damas, Silvia y Celeste que, tras preguntar por Manolo, se van. Aparecen éste y Mariquita, novia del Niño de la Bolita, quien muestra su enojo al verlos juntos. La presencia de Ventura genera el consiguiente revuelo. Cuando los amigos de Manolo le intentan defender, Ventura contesta con indignación. Tiene lugar entonces un diálogo / dúo entre Manolo y su mujer. Esta accede a perdonarle sus tonterías, aunque le da un ultimátum y le pide que se corte la coleta para dedicarse a administrar la taberna de su madre. La aparición de su padre, Juan, encrespa a Ventura que no puede por menos que echarle en cara su falta de vergüenza por su dependencia de las mujeres jóvenes. Cuando lo saca de la taberna, deja a sus acompañantes, Loli y Pili, solas, momento que aprovecha Manolo para llevárselas del brazo. Entran tres borrachos que hacen una escena musical simpática. La señora Marta reniega de su situación al tener que aguantar a personas tan insoportables, cuando aparecen los amigos de Manolo junto a Mariquita. El torero, que ha regresado, parece echarle los tejos a la atractiva joven cuando llega Ventura a tiempo de constatar las insinuaciones de su marido a otra mujer. Lo deja y cuando Manolo va a ir detrás, sus amigos se lo impiden. Al quedarse solo, sin embargo, llora su falta mientras baja el telón.

Acto II

En Villa Gloria, colmado campestre del señor Juan, en la carretera de El Pardo. Aparecen el Marqués, un ganadero, que solicita de Colorín que cante, cosa que sin embargo, acaban haciendo la Canaria y la Hierbabuena. El Niño de la Bolita es el nuevo camarero de este colmado, regido por Ventura, que ha abandonado a Manolo. Aparece el Señorito, un personaje que la corteja con insistencia a resultas de su situación emocional. Llega la señora Marta y le pide al señor Juan que entre los dos deben arreglar el problema de sus hijos. La madre de Manolo piensa que los culpables de la situación son Don Abilio y Colorín, que han envenenado a su hijo. Ella le pide a su consuegro que se retire de su vida licenciosa y aparte a Manolo del mundo taurino. Con sus amigas trama un plan. Llegan Mariquita y Don Abilio que hablan con los allí presentes. Cuando aparece Ventura echa a todos los flamencos que considera indignos de estar allí, incluyendo al Marqués, viejo amigo de su padre. Se indigna, especialmente con la llegada de Don Abilio y Mariquita. Ventura se encara con ésta y le ruega que deje a su marido. Mariquita le pide perdón, pero acusa a Manolo de haberse colgado de ella, puesto que a ella ni le gusta. Cuando llega la señora Marta con su hijo le reclama su falta de hombría. Este refleja con una romanza su amor por su mujer. Don Abilio, que le ha oído, le avergüenza por depender de su madre de tal manera. Sin embargo, cuando el Niño le transmite que hay un personaje interesado en Ventura, Manolo enferma de celos. Cuando ella aparece se enzarzan en una discusión que sirve para aclarar la situación. El Niño, enfadado, afea a Mariquita su actitud, renunciando a ella definitivamente, mientras que echa con cajas destempladas a sus amigos, por su talante negativo. Culmina la obra en plena demostración del amor de los dos protagonistas.

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